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Barros & Errázuriz: la apuesta temprana por la IA que hoy alcanza al 80% de sus abogados
Cuando la inteligencia artificial generativa aún era incipiente en la industria legal chilena, Barros & Errázuriz fue una de las primeras oficinas de abogados en explorar cómo incorporar estas herramientas a sus procesos. A casi tres años de optar por Harvey, una de las plataformas de IA legal más utilizadas por grandes estudios en el mundo, la firma hace un balance de su uso y de los aprendizajes obtenidos.

¿Cómo partieron con esta apuesta? Con las mismas dudas que hoy atraviesan a buena parte de las firmas legales. “Escuchábamos que se estaba generando ruido con esto de la IA, pero aún era algo muy abstracto. No teníamos mucho entendimiento de hasta dónde podía llegar”, cuenta Andrés Rodríguez, socio de B&E, quien encabezó la búsqueda de un modelo de IA generativa que apoyara el trabajo del estudio.

En ese proceso, incluso exploraron la posibilidad de desarrollar una herramienta propia. Hablaron con programadores y trabajaron durante algunos meses con el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (Cenia), pero concluyeron que entrenar un modelo interno sería largo, costoso y limitado al conocimiento disponible dentro de la firma. Hasta que un hallazgo casi fortuito cambió el rumbo.

“Dentro de esta búsqueda llegamos a una página web algo críptica que se llamaba Harvey. Solo sabíamos que se trataba de IA para abogados, pero no había mucha información, no tenías acceso a nada, únicamente a una fila virtual, una especie de lista de espera. Casi dos meses después nos contactaron”, relata Rodríguez sobre su acercamiento a la plataforma.

En ese momento, los contactó Carl Fuda, actual vicepresidente de Alianzas y Desarrollo de Negocios de Harvey, para ofrecerles un piloto de un mes. Así fue como B&E se convirtió en la primera firma sudamericana en acceder a la herramienta.

“En las reuniones iniciales nos dimos cuenta de que la aproximación era muy distinta a lo que habíamos explorado. No solo se trataba de un producto tecnológico: te sentabas a hablar con abogados que habían sacado de las mejores firmas de Estados Unidos e Inglaterra, que entendían tu lenguaje y lo traducían a lo tecnológico. Entonces, la solución que te proponían era: no gastes tu tiempo en entrenar un modelo propio, nosotros te pasamos uno ya entrenado”, explica Rodríguez.

Otro factor clave fueron los estándares de seguridad y confidencialidad ofrecidos, además del compromiso de no utilizar la información de los clientes para entrenar sus modelos. “Ese fue uno de los puntos más distintivos”, añade el socio fundador del estudio, Cristián Barros

Implementación

La firma creó un comité de inteligencia artificial que sesiona dos veces al mes y revisa protocolos, políticas y nuevos usos.

De ahí en adelante, el despliegue de Harvey fue gradual. El piloto comenzó con 20 usuarios y, desde entonces, las licencias se incrementaron progresivamente. Aunque la firma no reveló el monto invertido, en el mercado se estima que cada una puede costar varios cientos de dólares mensuales, dependiendo del contrato. Hoy, entre 70% y 80% de los abogados de B&E tiene acceso a la plataforma, aunque no bajo las mismas condiciones.

“El acceso se va dando de manera escalonada”, explica Rodríguez. Los permisos y capacidades se diferencian según la experiencia, especialmente en el diseño de flujos de trabajo más complejos.

Hoy, la herramienta se utiliza principalmente en tareas intensivas y repetitivas, como la revisión de grandes volúmenes de documentos, procesos de due diligence, análisis contractual, elaboración de matrices de riesgo, compliance y algunos trabajos laborales.

En tanto, las áreas de mayor uso son corporativo, financiero, inmobiliario, laboral y cumplimiento.

Mientras, la adopción ha sido menor en litigios, tributario y asesorías que exigen interpretar contextos regulatorios, políticos o institucionales, donde el criterio, la experiencia y las habilidades no técnicas tienen un peso mayor.

En cualquier caso, aseguran, el uso de la plataforma no elimina la revisión humana. Los socios advierten que la herramienta puede equivocarse, incluso en aspectos relevantes, y, por ello, ninguna entrega sale de la oficina sin ser chequeada.

En cuanto a las piedras de tope, dicen que la principal barrera fue modificar hábitos de trabajo arraigados. Rodríguez revela que, durante los primeros seis meses, el uso se mantuvo bajo, por lo que la firma reforzó las charlas, capacitaciones y demostraciones prácticas por área. A partir de entonces, la adopción comenzó a acelerarse.

Finalmente, de cara a los clientes, cuentan los socios, la experiencia acumulada y el mayor conocimiento de la tecnología han permitido ampliar su utilización en determinados encargos, especialmente cuando se traduce en menores tiempos y costos, eficiencias que se traspasan al cliente, enfatizan.

Pero la adopción de la herramienta implicó, además, darle una gobernanza interna. La firma creó un comité de inteligencia artificial que sesiona dos veces al mes y revisa protocolos, políticas y nuevos usos. La idea, explican, es que la innovación se institucionalice y no dependa únicamente del entusiasmo de algunos abogados.

Para reforzar esa línea, en diciembre pasado el estudio incorporó a Rodrigo Fernández —que tuvo un paso anterior por la firma— para dedicarse exclusivamente al desarrollo de IA, con foco en capacitación, casos de uso, resolución de problemas y coordinación con Harvey.

Otras alternativas

Sobre la etapa que viene, Rodríguez destaca que, en una industria donde cada vez hay más alternativas, la firma sigue probando otras plataformas para evitar quedar excesivamente vinculada a un solo proveedor. La prioridad, dice, es mantener el control de la información y la capacidad de migrar si aparece una herramienta mejor. En paralelo, están poniendo foco en los casos de uso para seguir definiendo dónde la herramienta es más eficiente, mientras avanzan en el desafío de medir el impacto en productividad.

Barros, por su parte, reflexiona que, en estas materias, los estudios no pueden esperar a subirse a un “caballo ganador”, porque eso podría significar perder años de aprendizaje. “Lo que decidimos desde el inicio, y mantenemos, es que lo importante es estar en una plataforma, tener control y manejo de la información y resguardar aspectos clave como la confidencialidad, la seguridad y la protección de datos, y ahí el tiempo nos ha dado la razón”, concluye.

POR P. VARGAS Y K. PEÑA

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