La inteligencia artificial ha capturado la atención global, pero reducir el debate a la adopción de herramientas sería un error estratégico. La pregunta de fondo no es cuánta IA usará Chile, sino cuánto valor será capaz de capturar a partir de ella. Esa diferencia es la que separa a los países que consumen tecnología de aquellos que construyen una posición competitiva en torno a ella.
Chile tiene condiciones reales para aspirar a lo segundo. Según la Comisión Nacional de Energía, a mayo de 2026, el país alcanzó una capacidad instalada neta de 38.173 MW, con una matriz compuesta en un 52% por energías renovables no convencionales. A esto se suma una posición cada vez más visible en infraestructura digital: hoy Chile es el segundo mercado de América Latina en capacidad instalada de data centers, con 37 instalaciones operativas y una cartera relevante de proyectos en desarrollo, con una inversión potencial que supera los US$ 4.000 millones, según ha dado a conocer Chile Data Centers.
Pero esta oportunidad convive con una brecha crítica: el talento digital. Según SENCE, el país enfrenta un déficit de más de 6.000 profesionales TI, que podría traducirse en pérdidas superiores a los US$10.000 millones hacia 2030. A nivel global, el Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum advierte que el 59% de la fuerza laboral requerirá recapacitación o fortalecimiento de habilidades antes de que termine la década.
Conviene decirlo con claridad: ningún país captura valor de la transformación tecnológica solo por declararse comprometido con ella. Sin talento, la IA no pasa de ser una promesa. Sin infraestructura, no escala. Sin energía suficiente, limpia y competitiva, simplemente no ocurre.
Chile todavía está a tiempo de jugar un rol relevante, pero eso exige una estrategia país: formación digital temprana, reconversión laboral, infraestructura habilitante, y una coordinación efectiva entre Estado, academia y sector privado. Porque en esta carrera no basta con llegar. Si Chile no convierte sus ventajas en una apuesta estratégica, otros lo harán primero. Y en la economía digital, llegar tarde no significa partir desde atrás: significa quedar fuera.
Autor(es):
Por David Caja,Country Manager de NTT DATA Chile


