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LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA EN EL MANEJO DE LOS TERRENOS PRODUCTIVOS
La conservación de suelos está dejando de depender únicamente de inspecciones en terreno para incorporar tecnologías que entregan información en tiempo real y permiten anticipar problemas antes de que afecten la productividad.

Este cambio de paradigma está transformando la gestión del suelo, desplazando el foco desde la reacción hacia la prevención. “Hoy contamos con herramientas que permiten conocer el comportamiento del suelo y las aguas subterráneas con un nivel de precisión que hace algunos años era impensado”, afirma el gerente general de Grupo GB Cinco, José Manuel Bellalta. Según explica, la modelación de acuíferos, la teledetección hiperespectral, la sísmica de precisión, el monitoreo instrumental y las evaluaciones ambientales, permiten detectar alteraciones antes de que se conviertan en problemas mayores, reduciendo la incertidumbre técnica.

Para la Dra. María Paz Acuña, académica de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y del Centro de la Tierra y el Espacio de esa casa de estudios, la agricultura de precisión tiene influencia en esta transformación. Señala que “hoy es posible combinar sensores remotos en terreno, imágenes satelitales, drones, modelos predictivos e inteligencia artificial para observar diferencias dentro de un mismo campo”, por ejemplo en zonas con estrés hídrico, pérdida de vigor vegetal, problemas de drenaje, compactación, salinidad o degradación progresiva.

“En Chile esto es especialmente relevante porque la agricultura opera bajo condiciones de alta variabilidad climática, escasez hídrica y fuertes diferencias territoriales”, añade la académica y destaca que la tecnología permite no solo mirar el cultivo cuando ya muestra estrés, sino detectar señales tempranas de ello.

Las tecnologías disponibles abarcan distintas escalas de monitoreo. “En el terreno, sensores de humedad, salinidad y temperatura, junto a espectroscopía, fluorescencia de rayos X y conductividad eléctrica, determinan las propiedades in situ, mientras el ADN ambiental (eDNA) caracteriza la actividad biológica y los análisis de laboratorio aportan la calibración de referencia”, detalla el académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la UAI, Cedric Little. A escala intermedia, añade, los drones multiespectrales cubren el lote, y a escala regional, satélites como Sentinel y Landsat (dos de los satélites de observación de la Tierra más potentes), monitorean áreas extensas.

Marcelo Panichini, investigador del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Carillanca, complementa que a través de un mapeo mediante imágenes satelitales “se puede hacer descripción detallada del campo para hacer una aplicación precisa solo en el lugar donde se encuentra el problema”, explica. También menciona que los TDR —dispositivos portátiles o fijos que miden la humedad hídrica en tiempo real— permiten medir el contenido volumétrico de agua y los infiltrómetros permiten medir la tasa de infiltración de agua en el suelo.

“Es importante señalar que todos estos equipos pueden ser importantes en la toma de decisiones, sin embargo, muchos de ellos deben ser complementados con unidades de validación”, aclara.

Del dato a la decisión escalable

El salto tecnológico ya no está solo en capturar la información, sino en transformarla en decisiones de manejo.

En ese sentido, Little sostiene que el principal avance corresponde a plataformas que evolucionaron de describir el estado actual a pronosticar y prescribir, incorporando modelos agronómicos y climáticos que generan alertas y recomendaciones de gestión agrícola.

El desafío ahora está en ampliar el acceso a ellas. Entre las barreras que persisten para su democratización, Acuña menciona el costo inicial, la conectividad rural, la disponibilidad de asistencia técnica especializada, la fragmentación de los datos y la falta de modelos adaptados a la realidad local de pequeños y medianos productores.

El jefe de la Unidad Territorial de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), Ignacio Delfino, precisa que un factor relevante para acelerar la validación y escalamiento de estas soluciones es “la capacidad que tiene la tecnología para ser adoptada e incorporada a los procesos productivos por los agricultores”. En esa línea, destaca el rol de las startups como socias estratégicas y aceleradoras de la innovación, ya que facilitan el acceso a tecnologías nuevas o emergentes. Como ejemplo, añade que la FIA hoy cuenta con diversos instrumentos de fomento a la innovación y dice que próximamente abrirán una convocatoria nacional orientada a disminuir la brecha de financiamiento que enfrentan las pequeñas y medianas empresas.

En tanto, Acuña destaca que instituciones como Indap, la Comisión Nacional de Riego e INIA también han desarrollado programas para impulsar la incorporación de tecnologías y fortalecer la modernización de la agricultura.

POR ANDREA CAMPILLAY
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