DFEXPERTOS ANALIZAN TENSIONES OPERATIVAS Y DE CAPITAL HUMANO EN LA MINERÍA
Mientras la agenda pública se concentra en grandes proyectos, permisos y cambios regulatorios, la minería chilena enfrenta tensiones menos visibles que afectan su operación diaria. Fallas no planificadas, escasez de personal especializado, presión sobre proveedores y costos al alza configuran un conjunto de riesgos que la industria observa con atención de cara a 2026.
Desde la Cámara Minera de Chile, su vicepresidente, Walter Muñoz, señala que los principales cuellos de botella están en la continuidad operacional. Menciona el mantenimiento no planificado de equipos críticos de carguío y acarreo, el envejecimiento de plantas y la caída en las leyes del mineral, factores que reducen la productividad y elevan costos. A ello se suma una gestión aún exigida de la cadena de suministro y la burocracia asociada a la permisología.
“La combinación de dichos aspectos están forzando a las empresas a automatizar, mejorar condiciones laborales y reestructurar sus cadenas de suministro para asegurar la continuidad”, asegura Muñoz. Añade que hoy no es posible detener plantas por falta de repuestos críticos, aunque reconoce una mayor capacidad de anticipación de los proveedores. En paralelo, los costos operativos suben por mayores remuneraciones, alzas en transporte e impactos inflacionarios ligados a disrupciones logísticas.
La escasez de mano de obra especializada es otro foco de alerta. El director de minería de Tres60 by SGS, Carlos Larraín, advierte una baja sostenida en la formación técnico-profesional, clave para la operación. A ello se suman nuevas exigencias de competencias. “En el sector minero existe un fuerte proceso de transformación digital, y esto implica que muchos roles técnicos deben migrar sus competencias para poder abordar los nuevos desafíos”, dice.
Larraín añade que también influye la localización de las faenas. La altura, el aislamiento y las condiciones climáticas extremas dificultan la atracción de talento frente a otros sectores con mayor flexibilidad laboral.
A su vez, el CEO de Andes Levers, Renato Sepúlveda, apunta al envejecimiento de la fuerza laboral como un riesgo adicional. Para mitigarlo, destaca el uso de dispositivos portables y tecnologías de apoyo, como exoesqueletos y sensores inteligentes, que permiten reducir lesiones, mejorar la seguridad y extender la vida laboral de los trabajadores de terreno.
Muñoz matiza su análisis y plantea que estos factores operativos, por sí solos, no necesariamente frenarán a la industria. Sin embargo, advierte, que el mayor riesgo sigue estando en el entorno regulatorio y de inversión, marcado por la carga de permisos, el alza de las patentes mineras y mayores exigencias ambientales.
”Necesitamos que Chile, todo el país y sus habitantes, asuman que somos minería, que vivimos de ella, que es la actividad productiva que más recursos aporta a las arcas fiscales, por lo que requerimos más y mejor minería”, concluye.
POR VALENTINA CÉSPEDES
Desde la Cámara Minera de Chile, su vicepresidente, Walter Muñoz, señala que los principales cuellos de botella están en la continuidad operacional. Menciona el mantenimiento no planificado de equipos críticos de carguío y acarreo, el envejecimiento de plantas y la caída en las leyes del mineral, factores que reducen la productividad y elevan costos. A ello se suma una gestión aún exigida de la cadena de suministro y la burocracia asociada a la permisología.
“La combinación de dichos aspectos están forzando a las empresas a automatizar, mejorar condiciones laborales y reestructurar sus cadenas de suministro para asegurar la continuidad”, asegura Muñoz. Añade que hoy no es posible detener plantas por falta de repuestos críticos, aunque reconoce una mayor capacidad de anticipación de los proveedores. En paralelo, los costos operativos suben por mayores remuneraciones, alzas en transporte e impactos inflacionarios ligados a disrupciones logísticas.
La escasez de mano de obra especializada es otro foco de alerta. El director de minería de Tres60 by SGS, Carlos Larraín, advierte una baja sostenida en la formación técnico-profesional, clave para la operación. A ello se suman nuevas exigencias de competencias. “En el sector minero existe un fuerte proceso de transformación digital, y esto implica que muchos roles técnicos deben migrar sus competencias para poder abordar los nuevos desafíos”, dice.
Larraín añade que también influye la localización de las faenas. La altura, el aislamiento y las condiciones climáticas extremas dificultan la atracción de talento frente a otros sectores con mayor flexibilidad laboral.
A su vez, el CEO de Andes Levers, Renato Sepúlveda, apunta al envejecimiento de la fuerza laboral como un riesgo adicional. Para mitigarlo, destaca el uso de dispositivos portables y tecnologías de apoyo, como exoesqueletos y sensores inteligentes, que permiten reducir lesiones, mejorar la seguridad y extender la vida laboral de los trabajadores de terreno.
Muñoz matiza su análisis y plantea que estos factores operativos, por sí solos, no necesariamente frenarán a la industria. Sin embargo, advierte, que el mayor riesgo sigue estando en el entorno regulatorio y de inversión, marcado por la carga de permisos, el alza de las patentes mineras y mayores exigencias ambientales.
”Necesitamos que Chile, todo el país y sus habitantes, asuman que somos minería, que vivimos de ella, que es la actividad productiva que más recursos aporta a las arcas fiscales, por lo que requerimos más y mejor minería”, concluye.
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