El título de esta columna hace referencia a una de las secciones de la clásica revista Reader’s digest (Selecciones en español). Se trata de una publicación miscelánea de formato simple: artículos de divulgación masiva, anécdotas, humor y variados textos que por décadas han acompañado a tantas generaciones y que se instaló como un material muy presente y reconocible en los estantes y escritorios de muchos hogares chilenos.
Recuerdo con especial nostalgia el apartado al que hago alusión. Se presentaba como un cuestionario de veinte palabras inusuales a objetivamente en desuso. Había cuatro alternativas. Una de ellas correspondía al significado correcto. No era fácil obtener más de 17 o 18 respuestas acertadas.
¿Por qué razones ha quedado casi olvidada y, en especial, esta particular sección? Porque atesoraba la esencia del lenguaje y el sentido de las palabras, nuestra herramienta comunicativa más natural. ¿Sabía usted que hablando con Don Quijote de la Mancha se encontraría cerca de 2.000 vocablos distintos en varias horas de hablada?
Nuestro castellano es riquísimo en léxico y goza de una elaborada robustez estructural. Lenguaje e imaginación somos y, por ello, el incremento de nuestro acervo lingüístico está en directa relación con la complejidad de nuestro conocimiento en nuestra forma de expresar ideas y emociones. En palabras de Martin Heidegger, en su acerbo al usar su célebre máxima: "El lenguaje es la casa del ser. En su morada habita el hombre".
En nuestro contexto surge una pregunta: ¿el lenguaje acotado, superficial, inmediato, fragmentado y disperso que hoy utilizamos en las redes atenta contra la riqueza léxica? Giovanni Sartori (en Homo Videns) sostiene la tesis del empobrecimiento del pensamiento crítico. Por otra parte, Gretchen McCulloch (Porque Internet) señala que, por primera vez, la escritura informal queda registrada y ello democratiza la comunicación. Steven Pinker entiende la expresión verbal se constituye como un instinto que se adapta a las necesidades del entorno. En fin, ¿es más pobre o es más lúdica y creativa la forma de comunicarnos? El debate está abierto y el objetivo del aprendizaje debe encauzarse en todas las aristas de esta realidad y abordarlas con una creatividad superior.
En síntesis, cualquiera sea el camino, el vocabulario -a mi juicio- seguirá constituyéndose como una herramienta superior de comunicación.
La colección Reader’s digest sigue vigente y en circulación. Hoy todavía se pueden hallar en librerías de viejo y especializadas en adquisiciones de libros usados. Algunos de la década del cuarenta o cincuenta en perfecto estado. Es una fuente de consulta inmejorable, basta escanear sus títulos para hacer un examen superficial y nos percataremos de la presencia de una amplia gama de temas. Haga la prueba, de seguro encontrará algún texto que lo sorprenda y entretenga. El derecho a leer y escribir, a reflexionar y a compartir defendiendo el adecuado uso del lenguaje son actos naturales y esenciales que definen nuestra comprensión del mundo.
El Mercurio de ValparaísoEnriquezca su vocabulario
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