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¿Padres distraídos con el celular? La seguridad emocional de los hijos puede estar en juego
Los menores que perciben mayor distracción digital de sus cuidadores debido al teléfono presentan niveles más altos de apego inseguro, un patrón asociado a falta de confianza, menor autoestima y dificultad para construir relaciones.

Investigación evaluó a cientos de adolescentes de entre 12 y 17 años:

Pequeños cambios

Las entrevistadas coinciden en que el desafío no pasa por eliminar los teléfonos de la vida familiar, sino por proteger ciertos momentos en los que los hijos necesitan sentir que cuentan con la atención completa de sus cuidadores.

“Responder de forma consistente a las señales de búsqueda de contacto del hijo, aunque sea con un ‘dame un segundo y te escucho', es distinto a ignorarlo”, plantea Aravena. También recomienda explicar cuándo el uso del celular es inevitable. “Decir ‘estoy respondiendo un correo del trabajo y en cinco minutos conversamos' evita que el niño interprete una distracción como desinterés”.

Gaete agrega que pequeños cambios en la rutina pueden marcar una diferencia: dejar el teléfono durante las comidas, mirar a los ojos cuando el hijo quiere contar algo, reservar algunos minutos del día para conversar sin interrupciones o reconocer cuando la atención se desvió hacia la pantalla.

Cuando se habla de tiempos de pantalla o del uso excesivo de tecnología, suelen ser los hábitos de los niños el principal punto de preocupación y debate.

Pero ¿qué pasa cuando son los padres quienes no despegan la vista del celular? Esa es la pregunta que buscó responder una nueva investigación internacional, la cual encontró que los adolescentes cuyos padres se distraen con frecuencia con sus teléfonos mientras ellos les hablan tienen más probabilidades de mostrar comportamientos inseguros, lo que puede tener efectos negativos y duraderos en su desarrollo y su salud mental.

El estudio, realizado a través de encuestas a 600 adolescentes estadounidenses de 12 a 17 años, concluyó que quienes reportaban una mayor interferencia en la relación cotidiana con sus padres debido a su uso del celular tendían a presentar niveles más altos de apego inseguro.

Los resultados del trabajo —que no midió el tiempo que pasaban los papás usando el teléfono, sino la percepción de los hijos sobre cómo este afectaba las relaciones— se publicaron en Frontiers in Psychology.

Durante la infancia, las personas desarrollan un estilo de apego, patrones de comportamiento que definen cómo se vinculan emocionalmente con los demás, gestionan relaciones y enfrentan conflictos.

“El apego es el vínculo afectivo que un niño construye con su cuidador principal y que le sirve como una base segura desde la cual explorar el mundo”, señala Marcela Aravena, vicedecana de la Facultad de Psicología UDD.

Según la experta, un apego inseguro suele provocar la búsqueda permanente de aprobación y cercanía o, por el contrario, la preferencia a reprimir necesidades emocionales y mantener distancia.

Aravena añade que este patrón también puede asociarse con dificultades para regular emociones, menor confianza para acudir a los padres frente a problemas y relaciones interpersonales más complejas.

Viviana Tartakowsky, directora de la Escuela de Psicología de la UBO, añade que este tipo de apego también se asocia con un peor desarrollo del autoestima.

Don Grant, investigador del Centro de Investigación e Innovación de la organización estadounidense Newport Healthcare y autor principal del estudio, advirtió que cuando los niños compiten con los teléfonos por la atención de sus padres, eso “puede afectar de manera muy desfavorable su seguridad respecto del apego, algo que llevarán consigo durante toda la vida”.

Tecnoferencia

En la misma línea opina Claudia Gaete, psicóloga de Clínica Dávila: “Este niño o adolescente después se transforma en un adulto al que le puede costar salir de ahí y puede tener dificultad para tolerar las ausencias (....), las siente como amenazantes. Puede aparecer también sensación de abandono constante e inconformidad con los vínculos”.

Para Aravena, los hallazgos del trabajo son consistentes “con otras investigaciones que sugieren que las interacciones sensibles y atentas son importantes para el desarrollo infantojuvenil saludable y seguro”.

El descubrimiento se suma a un creciente conjunto de estudios sobre los efectos de la llamada “tecnoferencia” o cómo el uso de dispositivos en presencia de otras personas puede deteriorar las relaciones.

“Los efectos a nivel de pareja han sido más estudiados. Y ahora se está viendo que a los niños y adolescentes también les afecta”, comenta Jennifer Conejero, psicóloga infantojuvenil de Clínica Santa María.

La experta explica que “si bien el padre está físicamente, hay gestos que son claves, como la mirada, para poder generar esta sensación de seguridad en la comunicación y en la necesidad del hijo”, explica.

Y añade que “aunque le digas ‘sí, te quiero', el cariño necesita ser demostrado. Los menores están empezando a entender las relaciones y, si tienen la sensación de que no son validados, se van insegurizando”.

Gaete señala que a veces esto no es evidente para los adultos. “Pasa mucho, por ejemplo, que los padres dicen: ‘Pero yo fui a todos los actos del colegio'. Y el niño puede recordar otra cosa: que cuando buscaba contacto visual, el papá estaba mirando el teléfono. Ahí es cuando se interpone la conexión con el hijo”.

Tartakowsky destaca que la necesidad de atención no desaparece después de la infancia. “La adolescencia continúa siendo una etapa relevante para la construcción del apego. El cerebro aún está en desarrollo”, explica. Por otro lado, agrega, “es una etapa donde (los menores) suelen distanciarse un poco de las figuras parentales”. Por eso, dice, cuando son ellos quienes buscan conversar, es clave aprovechar esos momentos y “estar realmente presentes”.

Para Gaete es importante señalar que los efectos negativos o positivos en los hijos dependen de la consistencia. “No es una sola situación la culpable”, advierte.

“Lo importante es que la mayor parte de las veces el hijo encuentre un adulto disponible. Y si alguna vez eso no ocurre, es posible reparar y volver a conectar”, concluye.

El 70% de los padres utiliza el celular frente a sus hijos, según un estudio publicado en JAMA Pediatrics en 2025. El trabajo encontró una asociación con ansiedad en los menores. Magnific/CreativeCommons

Janina Marcano


Autor(es):

JANINA MARCANO.
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