La SegundaIA: actuar y ejecutar
La burocratización, juridificación, las instrucciones de uso, la anonimidad, son características constitutivas de la modernidad. La estabilización de expectativas consiguiente tiene réditos en eficiencia, transparencia y limita la arbitrariedad. Son grandes ventajas. Pero tiene también costes que se tornan paulatinamente exorbitantes a medida que la maraña de reglas y procedimientos crece como levadura: se modifica y perjudica el modo de ser en el mundo, la relación hacia las cosas, los otros y uno mismo.
En palabras del sociólogo Hartmut Rosa en Situation und Kostellation (Suhrkamp 2026), recurriendo a conceptos de Hermann Schmitz, las situaciones se reducen a constelaciones.
Una situación tiene siempre un resto indisponible. Contiene demasiados componentes que solo se pueden afrontar con juicio práctico, una capacidad que se obtiene con la experiencia, olfato para las sutilezas y lo apropiado. Piense en el vendedor de un local de comida rápida que evalúa la situación de un niño a quien se le cae la recién comprada hamburguesa (quizás está desolado, quizás no puede permitirse otra, quizás lo van a retar) y le da otra. O en el árbitro que evalúa la situación general del partido antes de sancionar o no una falta.
Constelación es la reducción de una situación a sus componentes mínimos y sus conexiones, que se enfrentan según reglas y procedimientos (como las figuras que surgen al unir con una línea los puntos de un esquema). El dependiente no puede darle otra hamburguesa, solo indicarle que presente un reclamo según algún procedimiento; quizás le envían un cupón. El árbitro espera el resultado del VAR.
La pérdida del espacio de acción tiene un precio muy alto: dejamos de ser actores y nos transformamos en ejecutores. El profesor no puede dar una mejor nota para estimular a un estudiante, o disculpar un plazo de entrega, aunque considere que así se fortalecería el proceso educativo, sino que debe remitirse a la rúbrica e indicarle que envíe su justificativo al departamento correspondiente.
Si somos meros ejecutores podríamos ser también robots, o algoritmos. Así se genera impotencia, frustración y se diluye la energía vital. Piense por ejemplo en el Sistema de Admisión Escolar. Expresa imparcialidad y crea impotencia. Y es que, responda una simple pregunta: ¿se ha sentido más vivo, más energizado, más creativo, que cuando se involucra y resuelve una situación que escapa a lo establecido? ¿Cuándo al actuar pone una parte de sí en el mundo? ¿Cuándo quizás lo hace un poco mejor?
En tiempos de IA esto es crucial. Es muy probable que su uso en la redefinición del trabajo y procedimientos lleve a parametrizaciones cada vez mayores, reduciendo más y más situaciones a constelaciones, perdiendo así poder como actores y transformándonos en eficientes ejecutores impotentes y sin energía de un mundo ya diseñado. No es inevitable, pero no lo evitará una mano invisible.
Daniel Loewe Facultad de Artes Liberales, Universidad Adolfo Ibáñez
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