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De la pausa a la distribución: qué dicen Musk y Zuckerberg sobre el futuro de la IA y qué significa para Chile
En 2023 pedían frenar su desarrollo; en 2026, el fundador de Meta propone repartirla. Dos expertos analizan el giro del debate global y advierten que América Latina debe decidir ahora qué rol quiere jugar.

Transformación tecnológica

En marzo de 2023, más de 27.000 personas —entre ellas Elon Musk, Steve Wozniak y Yuval Noah Harari— firmaron una carta abierta pidiendo a todos los laboratorios de inteligencia artificial detener por seis meses el entrenamiento de sistemas más potentes que GPT-4. La pausa nunca ocurrió. Tres años y medio después, Mark Zuckerberg publicó “The Future is for Everyone”, un ensayo que responde a la misma pregunta desde una posición casi opuesta: el peligro no estuvo en la velocidad de desarrollo, sino en la concentración de esa capacidad en pocas manos.

Para Andrés Caro, PhD y director digital en BDO Digital Chile, las cartas deben leerse con cautela: “Ninguna de las dos es neutral, y ambas alinean su argumento de seguridad con el interés de quien la firma; eso no las invalida, pero sí exige leerlas como lo que son: posiciones estratégicas disfrazadas de filosofía”.

El texto de 2023 —asegura— nunca logró su objetivo técnico, pero tuvo un legado político: instaló con urgencia inédita la conversación regulatoria que hoy se traduce en marcos como el AI Act europeo.

El planteamiento de Zuckerberg, en tanto, apuntaría a preguntas más precisas (quién controla la tecnología y bajo qué arquitectura de poder se reparte), aunque su diagnóstico de riesgo coincide de forma casi perfecta con la estrategia comercial que Meta ya venía ejecutando.

Caro ve en este péndulo —de la contención externa a la distribución interna— un patrón que se repite en cada proyecto de transformación tecnológica. “Ningún cambio profundo se estabiliza porque alguien de afuera ordena detenerse; se estabiliza cuando surgen suficientes mecanismos internos de control, auditoría y competencia entre los actores involucrados”, precisa. Su conclusión es que el futuro de la IA no se decidirá en una carta ni en un manifiesto, “sino en la lentitud, tediosa y poco espectacular, con que logremos construir instituciones capaces de verificar, auditar y repartir el poder que esta tecnología genera”.

Edison Vásquez, presidente de la Cámara Chilena de Inteligencia Artificial (CCHIA), traslada el debate a la región. “La pregunta relevante no es si la IA superará a la inteligencia humana en cinco años; la pregunta es qué rol vamos a jugar nosotros cuando eso ocurra”, señala.

La promesa de Zuckerberg de una IA al alcance de todos representa una oportunidad concreta para América Latina (el open source permite adaptar, auditar y crear soberanamente sobre tecnologías de frontera sin pedir permiso), pero solo si se traduce en capacidad real. “De lo contrario, la IA para todos terminará siendo, en la práctica, IA de unos pocos con usuarios en todas partes, y habremos cambiado una dependencia tecnológica por otra más profunda”, añade.

El llamado de Vásquez es directo: “Chile no debe mirar este momento desde la galería. Tenemos las condiciones para ser un actor relevante en la conversación global de IA, pero la ventana para posicionarnos es ahora, no cuando la superinteligencia ya esté repartida”.

Educación, política pública y articulación entre el Estado, la academia y el sector privado son, para ambos expertos, las decisiones que definirán si Chile aprovecha o desaprovecha este momento.

El planteamiento de Zuckerberg apunta a preguntas más precisas: quién controla la tecnología y bajo qué arquitectura de poder se reparte.

María Pastora Sandoval


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