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miércoles, julio 22, 2026 2:35 p. m.
Ineludibles lecciones del agua




Los recientes temporales en Chile llegan sin sorpresa alguna, pero con un alto costo por nuestra inacción climática. Depende de nosotros si el agua seguirá situando al territorio en la deriva o si nos decidimos a planificar y diseñar espacios para convivir con él.

Estas precipitaciones son nuestra nueva normalidad. Las calles convertidas en ríos en Coquimbo, pasos bajo nivel inundados en Santiago y los desbordes en el Maule y Biobío no debiesen ser parte de la normalidad. El recurrente estado de catástrofe que vivimos nos restriega en la cara una falla estructural: vivimos en ciudades para un clima que ya no existe.

Históricamente, nuestros instrumentos de planificación operan de espaldas a la geografía. Impermeabilizamos suelos, estrechamos ríos en canales de hormigón y urbanizamos zonas de alto riesgo. Así como el terremoto y tsunami de 2010 mostraron la ceguera ante la amenaza sísmica e inundaciones, estos temporales evidenciaronque la infraestructura tradicional está obsoleta y es superada con facilidad.

El régimen hidrológico cambió de forma irreversible. Pasamos de sequías a lluvias de inusitada intensidad frente a los parámetros de diseño del siglo XX que ya caducaron. Tampoco podemos seguir regularizando loteos y asentamientos precarios en zonas de peligro que luego, como presenciamos tristemente, se inundan, se queman o cuestan vidas humanas.

Desde Atacama al Biobío, la urgencia exige soluciones basadas en la inteligencia territorial según cada paisaje. No es igual mitigar la violenta escorrentía en los cerros de Valparaíso que gestionar las monumentales crecidas en la cuenca del Maule. Hoy debemos migrar a modelos de la ciudad que priorizan el manejo mediante infraestructura verde, uso de parques inundables y pavimentos permeables, la recuperación de humedales urbanos y paisajismo de bajo consumo hídrico.

No basta una respuesta estatal limitada a las alertas en celulares, cerrar accesos cordilleranos o suspender clases: no hay otro camino que una reforma profunda y urgente a los instrumentos de planificación territorial. Los planes reguladores deben estar contenidos en sistemas cuyo principio rector sea trabajar a favor de los ciclos de la naturaleza, mirando más allá del límite urbano.

La resiliencia se producirá realzando la geografía de cuencas, regresando el agua el espacio que necesita para fluir de forma segura, humedeciendo las ciudades para que no se incendien, integrando proyecciones climáticas actualizadas y fijando las geografías de riesgos.

La crisis climática ya redibujó nuestro mapa. Adaptar nuestras ciudades y regiones exige una alta inversión, pero el costo de la inercia es mucho mayor. Los desastres de este julio de 2026 nos abren una ventana para corregir el rumbo en términos de nuestras capacidades para anticipar y diseñar sin depender de desastres ni vulnerabilidades.

Luis Valenzuela Director del Centro de Inteligencia Territorial UAI


Autor(es):

Luis ValenzuelaDirector del Centro deInteligencia Territorial UAl
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